lunes, 29 de diciembre de 2025

Trasmoz, el pueblo maldito de Zaragoza: brujas, castillo, Moncayo y una ruta para vivirla con calma

 

🐕 Trasmoz con nuestra perrita Mila
Descubre la magia del pueblo en este paseo familiar por sus calles y rincones más encantadores.

Hay lugares que no se visitan solo por lo que se ve, sino por lo que se siente. Trasmoz es uno de ellos. Antes incluso de llegar al pueblo, ya sabíamos que no iba a ser una visita cualquiera. La carretera avanza tranquila y, de repente, aparece en la lejanía el Castillo de Trasmoz, en ruinas, recortado contra el cielo y vigilando el valle desde lo alto.

Viajamos en familia, acompañados de nuestra perrita podenco Mila, y desde ese primer vistazo el castillo nos atrapó. Esta imagen solitaria, en los pies del Moncayo, marca el inicio de un viaje cargado de historia, leyendas y mucha personalidad.


La llegada a Trasmoz: primeras sensaciones

Aparcamos a las afueras y entramos caminando al pueblo. Nada más llegar, el ambiente nos sorprendió: tuvimos la suerte de coincidir con una actuación de jota tradicional, algo que no esperábamos y que contrastaba completamente con la fama de pueblo maldito.

Ese contraste define muy bien a Trasmoz. No es un lugar oscuro ni triste.

Un pueblo pequeño, vivo y cuidado, donde la leyenda convive con la vida cotidiana. Mila iba tranquila, oliendo cada rincón, y nosotros avanzábamos despacio, sin prisas, dejándonos llevar.



Un pueblo completamente ambientado en la brujería

Muy pronto nos dimos cuenta de que todo Trasmoz está ambientado con temática brujeril

No es algo puntual: está en las calles, en las fachadas, en las plazas y en los pequeños detalles

A cada paso aparecen estatuas de brujas  , símbolos esotéricos.

Paneles explicativos y referencias constantes a la magia y a las leyendas. 

El pueblo no huye de su pasado, lo reivindica con orgullo, y eso se nota en el cuidado con el que está todo integrado.

Uno de los detalles que más nos gustó fue descubrir, casi sin darnos cuenta, que en la ronda del castillo hay chimeneas con pequeñas brujitas colocadas en su interior.
Son discretas, casi escondidas, y hacen que camines atento, mirando hacia arriba, descubriendo rincones.

Pasamos también por la conocida Bruja Tasca, un lugar totalmente tematizado que ya forma parte del imaginario de Trasmoz. Aunque , es una parada curiosa que refuerza esa sensación de estar en un pueblo que ha sabido convertir su leyenda en identidad.



El único pueblo excomulgado de España

Parte de la magia (y de la fama) de Trasmoz viene de su historia. Es el único pueblo excomulgado de España, una excomunión que se remonta a la Edad Media, tras conflictos con el cercano Monasterio de Veruela por el control de recursos naturales.

La excomunión de Trasmoz es más histórica y simbólica, relacionada con disputas del siglo XIII y posteriores narraciones legendarias. En la práctica, la comunidad local y la diócesis permiten que la iglesia celebre ritos religiosos según las normas católicas actuales, al igual que ocurre en otros pueblos; la excomunión como tal no impide que los fieles participen de sacramentos allí.

Lejos de ser algo oscuro en la actualidad, hoy esa excomunión es casi una anécdota histórica. Trasmoz lleva una vida completamente normal .
Con vecinos que cuidan sus casas, mantienen tradiciones y elaboran productos locales como miel, queso y aceite.

Aquella maldición del pasado se ha convertido, sin duda, en una bendición turística, atrayendo a viajeros curiosos que buscan algo diferente.



El Mirador del Olivo: silencio y Moncayo

Seguimos caminando hasta llegar al Mirador del Olivo, situado detrás del cementerio.

Es uno de esos lugares que te obligan a parar. Desde aquí se obtiene una panorámica increíble del Moncayo, amplia, abierta y muy tranquila.

Nos sentamos un rato, con Mila a nuestro lado, simplemente observando el paisaje. El silencio, el aire limpio y la vista hacen que entiendas perfectamente la relación tan especial que existe entre Trasmoz y la montaña.


El monumento a las brujas

Desde el mirador llegamos al Monumento a las Brujas, otro de los puntos más simbólicos del recorrido. Aquí la figura de la bruja se presenta como algo casi reivindicativo, más cercana a la sabiduría popular que al miedo.

Es fácil imaginar las historias que se contaban hace siglos, cuando se decía que las brujas de Trasmoz podían conjurar tormentas o proteger cosechas. 


Todo el entorno invita a dejar volar la imaginación.



Subida al Castillo de Trasmoz

La subida al Castillo de Trasmoz es uno de los momentos más especiales del día.

No es una subida complicada, pero sí lo suficientemente intensa como para hacerte sentir que estás entrando en otro tiempo.

Entre muros de piedra, restos de torres y vistas abiertas al valle, el castillo impone. Aunque está en ruinas, conserva una fuerza increíble.

Aquí es imposible no pensar en Gustavo Adolfo Bécquer, tan vinculado a esta zona.
Todo parece hecho para alimentar leyendas. Mila nos acompañó sin problema, disfrutando del entorno natural.

El viento, el silencio y el paisaje crean una atmósfera muy especial.



Ruta alrededor del castillo y pequeños detalles mágicos

Después de explorar el castillo, nos adentramos en las calles de Trasmoz siguiendo una ruta sencilla y encantadora. 

Cada rincón del pueblo tiene su propia historia, y con Mila a nuestro lado, el paseo se convierte en una experiencia familiar llena de magia y descubrimientos. Desde pequeñas plazas hasta callejuelas con encanto, esta ruta te invita a sentir el carácter único de Trasmoz mientras disfrutas del aire libre y de la compañía de tu peludo amigo 

Bajando del castillo, paseamos por las encantadoras calles de Trasmoz. Las suaves pendientes y cada rincón lleno de historia hacen que el recorrido sea simplemente mágico.


Camino al Monasterio de Veruela


Continuamos nuestra ruta hacia el Monasterio de Veruela, uno de los monasterios cistercienses más importantes de Aragón. 

Nuestra admiración por Bécquer nos llevó al Monasterio de Veruela, donde él se alojó para recuperarse de su enfermedad. 

Aunque no pudimos entrar porque estaba cerrado por obras, decidimos recorrer todo su exterior.

Y mereció la pena. Pasear alrededor del monasterio, rodeado de muros centenarios y naturaleza, es una experiencia en sí misma .
 El canto de los pájaros, el susurro del viento y la tranquilidad del lugar nos hicieron imaginar a Bécquer caminando por estos mismos senderos, inspirándose para escribir sus Cartas desde mi celda.

Mila, nuestra perrita, disfrutaba explorando cada rincón, olisqueando y correteando a su aire. Verla tan feliz nos hizo sentirnos aún más conectados con la historia y la magia del monasterio.



Trasmoz, una escapada diferente en Zaragoza

Trasmoz es uno de esos lugares que se recuerdan. No solo por su castillo o por su fama de pueblo maldito, sino por la forma en la que historia, leyenda y naturaleza se mezclan.

Es un destino perfecto para una escapada tranquila, para viajar con perro y para quienes disfrutan descubriendo pueblos con personalidad y alma.

Si buscas un lugar diferente en Zaragoza, Trasmoz te espera… con sus brujas, su castillo y el Moncayo vigilando en silencio.








¡Buen viaje siempre!












domingo, 28 de diciembre de 2025

Évora, caminar por la historia de Portugal

 

“Explorando Évora en familia… con nuestra podenco Mila 🐾🐶”


De camino a Lisboa decidimos detenernos en Évora, una de las ciudades más antiguas de Portugal y uno de los conjuntos históricos mejor conservados del país.
Antigua ciudad romana, residencia real durante siglos y gran centro cultural y universitario, Évora concentra en pocos kilómetros una parte esencial de la historia portuguesa.

 No es casualidad que haya sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


La Praça do Giraldo, corazón de la ciudad


Comenzamos la visita en la Praça do Giraldo, el auténtico corazón social de Évora desde la Edad Media.

Durante siglos fue escenario de mercados, celebraciones y también de episodios más oscuros, como los autos de fe de la Inquisición.
Hoy, por suerte, la plaza es un lugar animado y acogedor, rodeado de edificios históricos, pastelerías y terrazas, con una elegante fuente renacentista presidiendo el conjunto.

El calor del Alentejo se hacía notar, así que decidimos sentarnos a comer en una de las terrazas de la Praça do Giraldo . 

Viajamos con Mila, nuestra podenco, y antes de sentarnos preguntamos si podíamos estar con ella fuera, ya que en el interior no está permitido el acceso de animales y, además, había mucha gente. Con total amabilidad nos dieron permiso. 


Estando en Portugal no hubo dudas con el menú: bacalao, uno de los grandes clásicos de la gastronomía portuguesa, preparado con ese saber hacer que nunca falla. Comer allí, al aire libre, observando la vida pasar en la plaza, fue una forma perfecta de empezar a descubrir la ciudad.


Iglesias y símbolos de piedra

Desde la plaza nos acercamos a la Iglesia de Santo Antão, un templo de origen medieval que ha ido transformándose con el paso de los siglos. 

Continuamos hasta la Iglesia de Nossa Senhora da Graça, uno de los edificios más singulares de Évora. 

En su exterior destacan unas enormes figuras de piedra sentadas   " atlantes " que sostienen globos terráqueos, una imagen poderosa y muy llamativa que simboliza el peso del mundo.


San Francisco y la huella del manuelino

La Iglesia de San Francisco de Évora es uno de los grandes monumentos de la ciudad.
 Construida entre los siglos XV y XVI, combina el gótico tardío con el estilo manuelino, tan característico de Portugal.
 Su fachada impone, pero es al entrar cuando realmente sorprende: bóvedas elevadas, capillas laterales ricamente decoradas y preciosos azulejos portugueses que llenan el interior de color y detalle.

Dentro del conjunto se encuentra la conocida Capilla de los Huesos, uno de los lugares más impactantes de Évora. 
Sus paredes, recubiertas de huesos humanos procedentes de antiguos cementerios, invitan a reflexionar sobre la fugacidad de la vida.
 No es una visita recomendable para niños, para poder verlo  tuvimos que turnarnos mientras Mila esperaba fuera. Además se puede ver una interesante colección  de Belenes del mundo.


Un respiro en el Jardín Público

Tras tanta historia, llegamos al Jardín Público de Évora, creado en el siglo XIX sobre los terrenos del antiguo convento de San Francisco. 

Es un espacio ideal para descansar, con caminos sombreados .

 Zonas verdes y pequeños estanques .
Incluso un chiringuito con terraza para poder hacer un pequeño descanso y poder tomar algo fresco.
Los cisnes que pasean libremente por el parque .
 Captaron toda la atención de Mila los cisnes , convirtiendo este momento en uno de los más movidos y tensos del día.


La herencia romana


Entre el parque público y el paseo hacia el Templo Romano de Évora , hicimos una parada en un pequeño restaurante al que fue imposible resistirse, sobre todo por sus dulces.
Luego nos dejamos llevar por las estrechas y pintorescas calles, hasta que apareció ante nosotros el majestuoso  Templo Romano de Évora .

Desde el jardín llegamos hasta el Templo Romano de Évora, uno de los grandes símbolos de la ciudad. Construido en el siglo I d.C.

Probablemente en honor al emperador Augusto, es uno de los templos romanos mejor conservados de la península ibérica.

 Rodeado de edificaciones medievales, resume perfectamente la superposición de épocas que define a Évora.


La catedral y el poder medieval

Seguimos caminando hasta la Catedral de Évora, el mayor templo medieval de Portugal. Construida entre los siglos XII y XIII. 

Combina elementos románicos y góticos y refleja la importancia religiosa y política de la ciudad durante la Edad Media.
Su aspecto robusto y fortificado domina el casco histórico y recuerda el papel central que tuvo Évora en el reino.


Museo, universidad y memoria intelectual

Visitamos el Museo de Évora, donde se recorren las distintas etapas históricas de la ciudad.

Y la Iglesia de la Misericordia, ligada tradicionalmente a la asistencia social y religiosa.

Uno de los puntos clave del recorrido es la Universidad de Évora, fundada en el siglo XVI y considerada una de las más antiguas del mundo.
Durante décadas fue un importante centro de enseñanza, hasta que la Inquisición provocó su decadencia, marcando profundamente la historia intelectual de la ciudad.



El acueducto y el final del paseo

Pasear por Évora es hacerlo entre calles empedradas, casas blancas, murallas y restos de su pasado glorioso.
 El acueducto, iniciado en época romana y ampliado en el siglo XVI, aparece y desaparece entre las viviendas .
El acueducto, integrándose de forma sorprendente en la vida cotidiana de la ciudad.

Siguiendo su trazado llegamos finalmente al aparcamiento, un descampado tranquilo junto al acueducto donde habíamos dejado el coche, cerrando así una jornada intensa y muy completa.


Évora, una ciudad para comprender

Évora no es solo una ciudad para visitar, es una ciudad para comprender. Cada monumento, cada plaza y cada calle cuentan una parte esencial de la historia de Portugal. Una parada imprescindible camino de Lisboa y un lugar que se disfruta aún más cuando se recorre sin prisas.




! Buen viaje !











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