domingo, 4 de enero de 2026

Descubre Lisboa en familia y pet-friendly: Día 2 en Belém, el Tajo y la ciudad moderna



Día 2 en Lisboa: Belém, el Tajo y la Lisboa más moderna (con nuestra perrita Mila)

Nuestro segundo día en Lisboa comenzó con la emoción de seguir descubriendo la ciudad, esta vez explorando Belém, el río Tajo y la Lisboa más moderna, siempre acompañados por nuestra inseparable perrita Mila, y disfrutando de la ciudad en familia: nosotros, nuestro hijo mayor y nuestra compañera canina.


Comer junto al río: desayuno con vistas

Empezamos el día en la zona del puerto, frente a la playa, en un paseo marítimo lleno de restaurantes. 
Comer con vistas al Tajo y a los enormes trasatlánticos es todo un lujo. Mila descansa a nuestros pies mientras nosotros disfrutamos del ambiente marinero y de la brisa agradable de agosto.

Frente a nosotros se alza majestuoso el Puente 25 de Abril, recordándonos que Lisboa siempre sorprende con sus panorámicas.

Nos acercamos al Muelle de las Columnas, una zona preciosa con terrazas y tumbonas donde paramos un momento para contemplar el río y dejar que Mila olisquee la brisa marina.


Plaza del Comercio y la Rua Augusta

De camino al centro, llegamos a la Plaza del Comercio  .
La Plaza del Comercio impresionante y llena de vida. En el centro, una estatua preside la plaza, que antaño albergó el antiguo Palacio Real.

Tranvías históricos pasan justo al lado, mientras turistas y lisboetas se mezclan entre terrazas y cafeterías. 

Pasamos bajo el Arco de la Rua Augusta, monumental y grandioso.

La calle que se abre tras él nos recuerda un poco a Las Ramblas de Barcelona.
Con mucho ambiente, tiendas, cafés y los curiosos coches históricos que funcionan como taxis, casi sacados de una película de los años treinta.
Nuestra ruta nos lleva hasta la Plaza del Municipio, frente al Ayuntamiento de Lisboa, donde circulan los tranvías más modernos, y una vez más nos encontramos con los tranvías amarillos, que parecen transportarnos a otra época.


Picnic y snacks en las terrazas junto al Tajo

En Belém decidimos disfrutar de un plan de comida informal, sin entrar a restaurantes. Nos sentamos en una de las terrazas junto al río Tajo, compramos patatas fritas y otros snacks rápidos y nos dejamos llevar por el ambiente relajado de la zona.

Mila descansaba a nuestros pies, oliendo la brisa atlántica mientras nosotros contemplábamos los trasatlánticos pasar lentamente. Comer al aire libre, con la familia y nuestra perrita a nuestro lado, nos permitió disfrutar de un momento sencillo, agradable y muy lisboeta, ideal para recargar energía antes de seguir explorando Belém.



Belém: historia y dulces que son casi un ritual

Tomamos el tren hasta Belém, disfrutando de nuevas perspectivas de Lisboa desde el asiento. Esta vez, el Puente 25 de Abril se ve desde abajo, imponente y elegante.
En Belém, nos esperan algunos de los monumentos más emblemáticos del país. 

Primero pasamos junto al edificio de la Presidencia de la República  .


Y después llegamos a la mítica Pastelería de Belém.

Probar los auténticos pastéis de nata es casi un ritual: la receta original es secreta, y Mila, aunque no prueba, nos observa con interés 😄.



Monasterio de los Jerónimos

El Monasterio de los Jerónimos es un espectáculo de arquitectura manuelina y Patrimonio de la Humanidad.
Construido en el siglo XVI, simboliza la riqueza de Portugal durante la Era de los Descubrimientos.
Aquí descansa Vasco da Gama, el navegante que abrió la ruta marítima a la India. Su claustro, con columnas talladas y motivos marinos, transmite una calma absoluta.

Cerca, pasamos por el Museo de Arte Contemporáneo y Centro de Arquitectura de Lisboa . 

Frente a una plaza con fuentes y patos que llamaron la atención de Mila.


Monumento a los Descubridores y paseo junto al río

Cruzamos bajo un túnel y llegamos al Monumento a los Descubridores.
Una gigantesca escultura que representa a Enrique el Navegante y a los grandes exploradores portugueses mirando al océano.
 

Desde aquí se contempla el río Tajo y el puente 25 de Abril en todo su esplendor.

En el suelo, un enorme mosaico de la rosa de los vientos nos invita a caminar sobre él, mientras paseamos al borde del río. 

Frente a nosotros se alza el Santuario del Cristo Rey, gigante y contemplativo, recordándonos al famoso Cristo de Río de Janeiro.
Mila disfruta de la brisa atlántica mientras nosotros admiramos el paisaje y nos encontramos con chiringuitos y terrazas donde hacer una pausa refrescante.
Nos llevamos una pequeña decepción al ver la Torre de Belém uno de los monumentos más icónicos estaba cubierto por lonas debido a obras de restauración, pero al mismo tiempo nos alegramos de que se esté preservando para futuras generaciones.
La Torre de Belém es uno de los monumentos imprescindibles de Lisboa y un símbolo de la Era de los Descubrimientos. Ubicada junto al río Tajo, esta fortaleza del siglo XVI destaca por su arquitectura manuelina y su gran valor histórico. 
Visitar la Torre de Belém es una experiencia clave para entender el pasado marítimo de Portugal y disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad.

Seguimos caminando por el parque cercano, donde encontramos el famoso monumento con la palabra “LISBOA” .
Parada obligatoria para fotos familiares… ¡y caninas!


Despedida: Lisboa moderna y regreso

De vuelta en tren al centro, paseamos por la zona comercial, animada y agradable. 

Nos detenemos en la famosa Calle Rosa a tomar helados y caminamos sin prisa, disfrutando de cada rincón con ojos de turistas curiosos.

Visitamos nuevamente la Catedral de Lisboa (Sé), imponente, con tranvías pasando justo delante. 

Teníamos pensado subir al famoso tranvía 28, pero al verlo abarrotado decidimos seguir caminando. Lisboa se disfruta mejor a pie, y cada calle nos regala pequeñas sorpresas.
Un helado, una calle empedrada y Lisboa haciendo magia.
Comprar souvenirs en Lisboa es llevarse un pedacito de la ciudad.
Cuando el sol empieza a caer por la tarde, Lisboa se transforma: sus calles vibran con un ambiente único que enamora a cualquier viajero.

Antes de regresar a Amadora, hacemos una última parada en la Lisboa moderna, en la zona de la Expo de 1998, hoy un área vibrante que combina arquitectura contemporánea, amplias avenidas y espacios verdes. 

Es fascinante contemplar el contraste con la Lisboa histórica que acabamos de recorrer: edificios antiguos y calles empedradas a un lado, y al otro, estructuras modernas de líneas limpias, puentes futuristas y esculturas urbanas que dan un aire totalmente distinto a la ciudad.
Caminamos por el paseo junto al río, observando el Parque das Nações, con su diseño amplio y luminoso, y nos detenemos frente al Oceanario , uno de los acuarios más grandes de Europa, cuya fachada y entorno transmiten una sensación de modernidad y dinamismo.
Mila, siempre curiosa, explora cada rincón mientras nosotros disfrutamos de un último vistazo a la Lisboa contemporánea, un cierre perfecto para nuestra visita y un recordatorio de que esta ciudad siempre sorprende, combinando pasado y presente de manera única.

Al salir de Lisboa , cruzamos  el Puente 25 de Abril, “hermano gemelo” del de San Francisco, felices de haber recorrido los dos puentes más icónicos de la ciudad.

Nos despedimos de Lisboa con la certeza de que nos ha encantado: antigua y moderna, bohemia y elegante, con magia en cada rincón. Y tenemos claro: volveremos. Esta ciudad quedará para siempre en nuestro recuerdo.





! Buen viaje siempre ! 




 Para conocer cómo empezó nuestra aventura en Lisboa, descubre el Día 1, donde recorrimos plazas, miradores y el Castillo de San Jorge junto a Mila.

👉 Vuelve al inicio de la ruta: Día 1 en Lisboa
















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