domingo, 21 de diciembre de 2025

Badajoz en agosto con una perrita podenco: crónica de una ciudad caliente pero irresistible


Viajar con una perrita en agosto por Extremadura no es un simple viaje: es una mezcla entre aventura veraniega, búsqueda constante de sombra y un máster acelerado en hidratación. Aun así, Badajoz nos sorprendió desde el primer minuto, porque es una de esas ciudades que se disfrutan incluso cuando el sol está haciendo horas extra.

Llegamos temprano, con el fresco relativo que ofrece un amanecer extremeño, y aparcamos en el descampado junto a la Alcazaba. Allí nos recibe un gorrilla simpático que nos desea buen día, como si no estuviéramos a punto de entrar en modo tostadora humana. Mila, nuestra podenca, baja del coche con el ánimo por las nubes y las patas aún frías… cosa que duraría poco.


La Alcazaba al amanecer: historia, murallas y calor que despierta rápido

Desde el coche ya se ve que la Alcazaba de Badajoz no es cualquier cosa: una de las mayores fortificaciones árabes de España.

 La Alcazaba de Badajoz construida por los almohades en el siglo XII y con unas murallas que parecen dibujar la silueta del tiempo en la piedra.


Subimos y paseamos entre torres, cañones  y vistas espectaculares del río Guadiana. El Fuerte de San Cristóbal vigila desde la otra orilla, recordando que esta zona fue frontera, estrategia y tensión durante siglos.


La visita es gratuita, tranquila y muy fotogénica… aunque la sombra es un bien escaso. Mila, que al principio iba feliz, pronto empezó a entender que agosto aquí no se anda con tonterías.


La Plaza Alta: un escenario de colores donde reponer fuerzas

Bajamos después hacia la Plaza Alta, ese rincón que parece un decorado renacentista lleno de geometrías, arcos y fachadas decoradas. 

Es una de las plazas más bonitas de Extremadura y transmite esta deliciosa mezcla de historia y vida diaria.

Decidimos quedarnos a comer en La Casona Alta, cuya terraza es friendly y nos salvó la vida.


El menú del día por 13€ es abundante hasta el punto de necesitar táper. El personal, un encanto. Y Mila, mientras, iba haciendo malabares para colocarse en el miniparche de sombra que se movía según cambiaba la orientación del sol. Viajar con perro es también eso: negociar con el astro rey.


Calles tranquilas, catedral fortaleza y plazas donde respirar



Después de comer seguimos hacia el centro histórico. Badajoz es perfecto para pasearlo sin prisa: callejuelas estrechas, plazas pequeñas y un ambiente relajado que te hace bajar el ritmo sin darte cuenta.

La Catedral de San Juan Bautista aparece entre los calles como un bloque robusto. Más que una catedral, parece una fortaleza, y no es casual: estuvo vinculada a la defensa en una época en la que la ciudad vivía en alerta constante. 

Al lado, la Plaza de España ofrece terrazas que invitan a sentarse y recuperar agua, energías y dignidad térmica. Mila encontró allí un buen rato de sombra, que aprovechó para recargar sus baterías  podencas. El ayuntamiento se encuentra al lado de la catedral.



La Puerta de Palmas y el Guadiana: la postal clásica

Paseando por una calle de Badajoz me encontré un grafiti que decía "muérdeme en esta esquina". Y lo peor  es que me dio por  tomarlo demasiado literalmente: me giré y le dio un mordisquito juguetón en el cuello a mi mujer... que pegó un salto del susto. El grafiti cumplió su misión: hizo que nos riéramos un buen rato y convirtió una esquina cualquiera en una anécdota para recordar.”
Seguimos caminando (siempre pegados a las paredes para aprovechar la sombra) hasta la Puerta de Palmas. 
La Puerta de Palmas, con sus dos torres circulares del siglo XVI que daban la bienvenida a quienes entraban por el antiguo camino real.
Detrás está el Puente de Palmas, uno de los más bellos del Guadiana.

Es una zona preciosa, pero aquí ya estábamos en modo " suelo de lava ". Mila avanzaba saltando de sombra en sombra y nosotros igual. Sin embargo, las vistas del río merecen la parada.


El Parque de Castelar el refugio verde que estábamos esperando

Llegamos al Parque de Castelar, que se convirtió automáticamente en nuestro sitio favorito del día.


Sombra, césped fresquito, patos revoloteando en el estanque y un pequeño recorrido botánico muy agradable.

Aquí sí que pudimos respirar, relajarnos y dejar que Mila se tumbara a gusto sin riesgo de freírse las patitas.

Este parque es, sin exagerar, un oasis y más  para quien viaja con perro en verano.


Encontramos incluso el simpático árbol de los chupetes, lleno de chupetes infantiles.


El Guadiana al atardecer: caminando de vuelta con la luz perfecta

Después de un buen descanso y una recarga de agua, emprendimos el camino de vuelta siguiendo el paseo fluvial. El Guadiana, con la luz dorada del final del día, nos regaló un precioso cierre. Mila iba mucho más animada y nosotros, pese al calor, con la sensación de haber aprovechado de verdad la visita.

Badajoz es así: sencilla, histórica y sorprendentemente agradable incluso cuando el termómetro marca números que dan miedo.



Consejos útiles si viajas a Badajoz en agosto (y con perro)

Aunque no te lo envuelvo en formato lista rígida, vale la pena dejar claro lo que aprendimos:

-Madrugar es clave para visitar la Alcazaba sin que el sol te derrita.

-El pavimento se calienta muchísimo: toca el suelo antes de dejar que el perro camine. Botitas o protector pueden ser un salvavidas.

-Lleva agua siempre, más de la que creas necesitar. Las fuentes no abundan tanto como gustaría.

-En restauración, las terrazas suelen ser aptas; el interior con aire acondicionado, casi nunca.

-Para descansar, busca el Parque de Castelar o el paseo del Guadiana: sombra, brisa y tranquilidad garantizadas.

-Y si hace demasiado calor, no hay que forzar: Badajoz es una ciudad perfecta para verla con calma.


Si estás de ruta por la zona: lugares cerca de Badajoz que merecen una escapada

Una de las ventajas de Badajoz es que está rodeada de sitios increíbles, así que si tienes coche, puedes alargar tu viaje.

-Elvas (Portugal) está a solo veinte minutos, con fortificaciones impresionantes y calles llenas de encanto.

-Mérida, a cuarenta minutos, es un tesoro romano al aire libre: teatro, anfiteatro, templo, puente… y mucho espacio para pasear con perro.

-Olivenza, muy cerca también, mezcla identidad portuguesa y española con un casco histórico precioso.

-Si buscas naturaleza, rutas frescas o piscinas naturales, La Codosera y el Parque Natural de São Mamede son un acierto seguro.

Y si te gustan los castillos con alma medieval, en Alburquerque te espera el imponente Castillo de Luna, en lo alto de un cerro.



En resumen: Badajoz en agosto es intensa, pero inolvidable

La ciudad combina historia, murallas, rincones llenos de color y un ambiente tranquilo que engancha. Sí, hace calor  " mucho calor " pero con un poco de planificación es una escapada magnífica incluso con perro.


Mila terminó el día agotada pero feliz, y nosotros con la sensación de haber descubierto un lugar que merece mucho más reconocimiento.

Prometemos volver, quizá en primavera, para disfrutarla sin modo horno máximo.







! Buen viaje !









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