Lisboa en familia (y con Mila🐕🦺 ): Día 1 entre historia, miradores y esencia lisboeta
Viajar a Lisboa es viajar a una ciudad que no se deja definir fácilmente. Es moderna y antigua a la vez, luminosa pero algo decadente, elegante y popular, tranquila y vibrante. La recorrimos en familia —mi pareja, nuestro hijo mayor y nuestra inseparable perrita Mila, una podenco curiosa que no se perdió nada— y nos conquistó desde el primer momento.Llegada a Lisboa: el primer impacto

A la izquierda aparece la zona moderna creada para la Expo de 1998, hoy conocida como Parque das Nações: edificios contemporáneos, amplias avenidas y una Lisboa totalmente distinta a la postal clásica. El acceso es un auténtico entramado de autopistas, con hasta tres carriles por sentido, que nos conduce casi sin darnos cuenta hacia Amadora, el barrio donde nos alojamos, a las afueras de la capital.
Día 1 – El corazón histórico de Lisboa
De Amadora al centro: Estación de Rossio
A la mañana siguiente tomamos el tren desde Amadora y, en apenas 25 minutos, estamos en pleno centro.La Estación de Rossio (Lisboa) es un ejemplo muy representativo de la arquitectura del hierro de finales del siglo XIX y suele vincularse al constructor eiffeliano, aunque no fue diseñada por Gustave Eiffel. Su relación con Eiffel se da más bien por la influencia de su escuela y de la ingeniería metálica francesa de la época.
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Nada más salir, Mila observa todo con atención, especialmente a las palomas, que parecen provocarla a cada paso 🐕🦺.
Plazas, calles y primeros iconos
Comenzamos el recorrido en la Plaza de Rossio, uno de los grandes puntos de encuentro de la ciudad. Hay mucho ambiente: músicos callejeros, turistas, lisboetas charlando y terrazas llenas desde primera hora. El suelo ondulado de piedra blanca y negra es ya una seña de identidad portuguesa.
Desde aquí caminamos hasta el Elevador de Santa Justa, uno de los iconos más reconocibles de Lisboa.
El Elevador de Santa Justa (inaugurado en 1902) no fue diseñado por Gustave Eiffel, pero sí por uno de sus discípulos: Raoul Mesnier du Ponsard Ingeniero portugués Alumno y colaborador de Gustave Eiffel
A su alrededor aparecen los primeros tranvías amarillos, perfectos para las fotos.Desde lo alto se obtienen vistas alineadas sobre la avenida y el río al fondo, una perspectiva muy fotogénica que marca el inicio de nuestro ascenso hacia las colinas.
Subida al castillo: miradores y cuestas

Las vistas son espectaculares: el Tajo brillando al fondo, los tejados rojizos y los tranvías serpenteando entre las calles.
Mila agradece cada sombra y cada fuente de agua; agosto aprieta, pero la temperatura es sorprendentemente agradable.
Castillo de San Jorge: historia en lo alto de Lisboa
Fado, iglesias y miradores con vistas al Tajo
De bajada, el sonido del fado se cuela por algunas calles. Nos encontramos con artistas callejeros cantando, a veces acompañados por una guitarra, interpretando fados que se escuchan con el alma.
Es una experiencia difícil de describir: una gozada y, al mismo tiempo, profundamente triste, llena de saudade como allí lo llaman (una mezcla de nostalgia, melancolía y anhelo) .Escucharlo de forma espontánea, saliendo de una ventana o de un pequeño local, es sin duda una de las vivencias más auténticas que se pueden tener en Lisboa.Llegamos a la Iglesia de San Vicente de ForaEl Mirador de Portas do Sol . Desde aquí las vistas se abren hacia el Tajo, con enormes trasatlánticos pasando lentamente y el barrio de Alfama extendiéndose a nuestros pies.
Tranvías, catedral y final del día
De camino nos hacemos fotos en uno de los elevadores históricos, auténticos símbolos de la ciudad .Y por supuesto con los tranvías amarillos, que pasan rozándonos por calles imposibles.Mila posa paciente mientras Lisboa sigue su ritmo alrededor.
El interior de la Sé de Lisboa es sencillo y silencioso, con un aire de fortaleza medieval.
Frente a nosotros, el mar Atlántico se extiende hasta el horizonte, mientras imponentes cruceros y transatlánticos descansan en el puerto. Es el lugar perfecto para disfrutar de la gastronomía local, contemplar las vistas al mar y sentir la energía única de la capital portuguesa.
Lisboa de noche: el mismo escenario, otra mirada
Con el estómago más que contento, decidimos volver a recorrer algunas de las zonas que ya habíamos visto durante el día, pero esta vez bajo la luz de las farolas. Lisboa cambia por completo al caer la noche: las calles se llenan de vida, los tranvías brillan entre sombras y el ambiente se vuelve más íntimo y animado. Pasear sin rumbo, escuchar música saliendo de los locales y mezclarnos con la gente fue la mejor forma de conocer el lado nocturno de la ciudad y cerrar un primer día perfecto en Lisboa.Así termina nuestro primer día en Lisboa, intenso, caminando mucho y descubriendo una ciudad que se vive mejor despacio… y en familia.
Si te ha gustado este recorrido por el corazón histórico de Lisboa, no te pierdas nuestro Día 2, donde exploramos Belém, el Tajo y la Lisboa más moderna, siempre en familia y con nuestra perrita Mila.
👉 Continúa la ruta aquí: Día 2 en Lisboa
https://elpata-rutas.blogspot.com/2026/01/descubre-lisboa-en-familia-y-pet.html
! Buen viaje siempre !


































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