lunes, 12 de enero de 2026

Castellfollit de la Roca: ruta completa con nuestra perrita Mila

 

"Descubre Castellfollit de la Roca: un pueblo medieval suspendido sobre lava, entre miradores, puentes y calles empedradas, acompañado de nuestra perrita Mila"




A solo 1 hora y 38 minutos desde Barcelona (118 km), Castellfollit de la Roca nos recibe como un milagro sobre la tierra. Desde lejos, el pueblo parece suspendido sobre un acantilado de basalto, con casas que se aferran a la roca negra, desafiando la gravedad y la lógica. Llegamos con nuestra perrita Mila, llena de curiosidad, lista para olisquear cada rincón y acompañarnos en cada paso de la ruta.




Primer parking y oficina de turismo


Comenzamos la ruta en el primer parking del pueblo, una zona muy grande, acondicionada, gratuita y apta para coches y caravanas, donde además se encuentra la oficina de turismo. Aquí recogimos mapas y recomendaciones, mientras Mila corría unos metros y olisqueaba con entusiasmo cada rincón del parking, emocionada por comenzar la aventura.



Pueblo nuevo: iglesia nueva, reloj y plaza del Ayuntamiento


Desde el parking iniciamos el paseo por la zona del pueblo nuevo, con calles abiertas y modernas. 

Mila exploraba los bordillos y las esquinas, marcando su territorio con alegría mientras caminábamos hacia la Iglesia nuevaLa Iglesia nueva de Sant Salvador de Castellfollit de la Roca, situada en la parte más moderna del pueblo, es hoy la iglesia parroquial donde se celebran las misas. Construida en el siglo XX, surgió tras la destrucción de la antigua iglesia durante la Guerra Civil española. Como detalle curioso, en su construcción se reutilizaron piedras y restos volcánicos, un guiño perfecto al origen volcánico que define la identidad del pueblo.


 El ambiente activo y los pequeños comercios llamaban nuestra atención, pero Mila tenía su propia misión: descubrir cada aroma del lugar.
Continuamos hasta el famoso reloj, y muy cerca llegamos a la Plaza del Ayuntamiento, donde nos detenemos a disfrutar del ambiente, mientras Mila olisquea la plaza y se acerca a los transeúntes con curiosidad. Este tramo nos permite sentir cómo la modernidad convive con la historia y cómo la vida cotidiana se mezcla con la geografía volcánica.

En plena Plaza de Sant Roc, uno de los rincones más animados del pueblo, se alza la Torre del Reloj, justo al lado del conocido hostal Ca la Paula. Es uno de esos lugares por los que se pasa casi sin darse cuenta… hasta que levantas la vista.

En la parte superior encontramos su campanario y el reloj, que durante años ha marcado el ritmo de la vida local. En la parte baja, una pequeña fuente añade encanto al conjunto y convierte este espacio en una parada perfecta para descansar un momento mientras recorres el casco antiguo.

Un punto interesante que añadir a la lista de qué ver en el pueblo, ideal para una pausa tranquila durante una ruta por la Garrotxa y para descubrir pequeños detalles que dan personalidad al lugar.



Parking municipal y escultura moderna

Desde la plaza nos dirigimos al parking municipal, justo antes de entrar al casco antiguo medievalAquí nos recibe un gran mural pintado en la pared
Un gran mural pintado en la pared y frente a él, la escultura contemporánea “Cabdell de Llum”. Mila se detiene a olisquear cada rincón de la escultura, mientras nosotras admiramos el contraste entre lo moderno y las casas de piedra volcánica que anuncian la entrada al casco antiguo.


Casco antiguo medieval: calles, Iglesia Vieja de San Salvador y mirador


Nos adentramos en el casco antiguo medieval, con calles empedradas y estrechas que siguen la forma de la cinglera.
Pasear por el casco antiguo de este precioso pueblo de la Garrotxa es viajar en el tiempo. El recorrido, construido íntegramente con piedra volcánica y rocas basálticas, atraviesa el pueblo de punta a punta por su calle mayor, el eje histórico que concentra la esencia medieval del lugar.

Desde aquí, el camino conduce hasta el Mirador, uno de los puntos más espectaculares, desde donde se obtiene una vista panorámica única del pueblo y del entorno volcánico de la Garrotxa. Un paseo imprescindible para los amantes del turismo rural, las rutas con encanto y los pueblos con identidad volcánica.

Las casas de piedra volcánica parecen surgir de la roca, y cada esquina nos sorprende con detalles históricos. ( Puig Casteller ).

La Iglesia de San Salvador de Castellfollit de la Roca se encuentra justo al final del pueblo, antes de llegar al famoso mirador, y es una de esas paradas que merece la pena incluir en cualquier ruta por la zona. Construida en el siglo XIII, esta iglesia medieval forma parte de la historia más antigua del pueblo y ofrece una perspectiva diferente de Castellfollit.

Desde lo alto de su torre se pueden admirar vistas espectaculares del paisaje volcánico y del propio pueblo, una imagen perfecta para entender la singular ubicación de Castellfollit de la Roca.

 En la actualidad, el edificio funciona como sala de exposiciones, lo que la convierte en un espacio cultural vivo y un punto interesante dentro de la lista de qué ver en Castellfollit de la Roca.



Un lugar con historia, buenas vistas y cultura, ideal para los que disfrutan descubriendo rincones con encanto en la Garrotxa y sumando paradas especiales a su viaje.



Detrás de la iglesia encontramos un gran mirador, desde donde se obtienen vistas panorámicas del pueblo, el río Fluvià y los valles de la Garrotxa. Mila se asoma curiosa al borde, olisqueando el aire fresco mientras disfrutamos de la espectacular vista del pueblo suspendido sobre la roca.

Al final del pueblo se encuentra el Mirador Josep Pla de Castellfollit de la Roca, una visita imprescindible en la Garrotxa. Desde este espectacular mirador se disfrutan de unas vistas panorámicas únicas del entorno volcánico, los ríos y el paisaje que rodea el pueblo. 

Es, sin duda, uno de los mejores miradores de la Garrotxa y un punto clave en cualquier lista de qué ver en Castellfollit de la Roca.

 Un lugar especial que conquista tanto a quienes buscan rincones con encanto como a los amantes de la fotografía, ya que ofrece algunas de las imágenes más icónicas del pueblo y de su impresionante acantilado basáltico. Ideal para hacer una pausa, sacar la cámara y disfrutar del paisaje con calma.



Calle de la Font, puentes sobre el río y panorámicas ,  por una antigua vía romana 

Desde la antigua iglesia, comienza un descenso muy especial hacia el pueblo siguiendo el camino de la Rossola

No es un sendero cualquiera: se cree que este trazado formaba parte de una antigua vía romana, un ramal secundario de la Vía Augusta que cruzaba los Pirineos y conectaba territorios hace más de dos mil años 😮
El camino baja suavemente, así que es un paseo agradable y fácil, ideal para todo tipo de viajeros. Mientras desciendes, es fácil imaginar a comerciantes, viajeros y mensajeros romanos recorriendo este mismo sendero siglos atrás. Historia y naturaleza se mezclan en cada paso.
Desde la iglesia, bajamos por la Calle de la Font, empedrada y llena de encanto. Mila trotaba a nuestro lado, olisqueando cada piedra y flor en el camino. 
Llegamos al puente del río Toronell descendiendo por la antigua vía romana, un tramo cargado de historia que hace el paseo todavía más especial. El camino es tranquilo y agradable, ideal para recorrerlo sin prisas y, en nuestro caso, en compañía de nuestra perrita Mila, que disfruta tanto como nosotros del entorno 🐾.



El antiguo puente gótico, construido entre los siglos XIV y XVI, fue durante siglos un punto clave de paso. Sin embargo, las fuertes inundaciones del 3 de abril de 1970 lo destruyeron casi por completo. Sobre sus restos se construyó el puente metálico actual, desde el que se puede contemplar de cerca el impresionante risco basáltico de Castellfollit de la Roca.

Este punto ofrece una de las mejores perspectivas para entender la espectacular ubicación del pueblo y es una parada imprescindible dentro de cualquier ruta por la Garrotxa o lista de qué ver en Castellfollit de la Roca.


Caminando junto al río por un sendero tranquilo, Mila se lanzaba a explorar pequeños arbustos y bancos, disfrutando de la naturaleza que rodea al Fluvià.

En nuestro caso hicimos la ruta de bajada, y la verdad es que se disfruta muchísimo: sin prisas, sin grandes esfuerzos y con vistas preciosas durante todo el recorrido. Si decides hacerlo al revés te tocará subir un poco 😅, pero bajando es perfecto para disfrutar del entorno con calma.



Llegamos al puente de madera, uno de los puntos más mágicos del recorrido. 


En el centro, la vista del pueblo es increíble: las casas parecen colgarse sobre el acantilado.

No pudimos resistirnos a tomar fotos.

 Mila parecía entender la emoción del lugar, mirando curiosa hacia abajo y olisqueando el aire cargado de historia y río.






Cruzando el puente hacia el otro lado, observamos Castellfollit desde un ángulo lateral, apreciando cómo las casas se alinean casi al borde del precipicio. 

También hay otros miradores, desde los cuales el pueblo y el río se muestran en todo su esplendor ( Mirador del Cingle ). Durante todo el paseo, Mila estaba feliz explorando y olisqueando cada rincón, mostrando que Castellfollit es un pueblo acogedor para quienes viajan con mascotas.

Este recorrido nos recuerda que Castellfollit no se ha quedado en el pasado: aunque conserva su casco antiguo medieval, es un pueblo vivo, con piscina municipal y zona nueva moderna, combinando tradición e historia con vida cotidiana.




Museos y cultura local

En el recorrido también visitamos algunos de los museos del pueblo:

  • Museo del Embutido: gratuito, muestra la tradición familiar de elaboración de embutidos artesanales, con utensilios antiguos y documentos históricos. Además permite degustar y comprar productos locales.

  • Museo de Historia Militar: centrado en la Guerra de Vietnam (1965-1975), con uniformes, armamento y documentación. El propietario guía personalmente la visita, haciendo que la experiencia sea única.



Consejos prácticos para la ruta

  • El primer parking es grande, gratuito y apto para coches y caravanas, con la oficina de turismo justo al lado.

  • Llevar calzado cómodo, ya que las calles medievales son empedradas y con pendientes.

  • Castellfollit es pet friendly, ideal para pasear con perros.

  • El recorrido completo puede hacerse en medio día o un día completo, incluyendo miradores, museos y paseo junto al río.




Castellfollit de la Roca combina historia, geología y vida moderna en un solo lugar. Desde los murales y esculturas del pueblo nuevo hasta la Iglesia Vieja de San Salvador con su mirador, pasando por la Calle de la Font, los puentes y las casas sobre la cinglera, cada paso revela algo nuevo. Con Mila explorando, olisqueando y disfrutando del camino, la visita se convierte en una experiencia completa, perfecta para rutas de senderismo, turismo cultural, fotografía o escapadas desde Barcelona.












! Buen viaje siempre ! 














sábado, 10 de enero de 2026

Súria en invierno: castillo medieval, río Cardener y huellas mineras (viaje dog-friendly)

 

Descubre Súria, un pueblo con encanto en Cataluña: recorre el Poble Vell medieval, visita el Castillo de Súria, pasea con perro por el río Cardener y disfruta de su historia minera y naturaleza.



Llegamos a Súria, un encantador pueblo medieval en la comarca del Bages, en pleno valle del río Cardener, durante un frío día de invierno. 

El clima era intenso, de esos que vacían las calles y hacen que cada paso se dé con calma, perfecto para disfrutar del casco histórico de Súria sin prisas. 

Este pueblo con encanto cerca de Barcelona se encuentra a solo 15 kilómetros de Manresa y a aproximadamente una hora en coche desde Barcelona, lo que lo convierte en una escapada ideal de un día. Su ubicación estratégica sobre la colina explica gran parte de su historia y del Poble Vell medieval que hoy se puede recorrer caminando.
                   
Desde abajo ya se distingue claramente el casco antiguo, el Poble Vell, elevado sobre la colina. El castillo y la iglesia marcan el punto exacto donde nació la villa medieval, una población fortificada de origen medieval que empezó a crecer alrededor del castillo a partir del siglo X.

Para acceder al núcleo histórico hay que subir. El camino cambia de nivel y se hace a través de rampas y escaleras estrechas, que sustituyen a los antiguos accesos empinados y controlados. Al subir, el ruido desaparece, el frío se nota más y la piedra empieza a dominarlo todo.        




Una vez dentro, el urbanismo medieval se reconoce enseguida. Calles estrechas, irregulares y empedradas, casas de piedra elevadas y adaptadas a la pendiente, soportales y rincones que aún conservan la estructura de una villa fortificada. Pasear por el Poble Vell es hacerlo sin rumbo fijo, dejándose llevar.

Llegamos a la plaza principal, donde durante siglos estuvo la antigua Casa Consistorial, centro de la vida civil del pueblo. Desde esta plaza salen varias calles estrechas y muy interesantes, llenas de encanto. 

Siguiéndolas llegamos hasta el punto de información turística, ubicado en la histórica casa de Cal Balager del Porxo. Allí nos atendieron muy amablemente y nos ofrecieron un mapa con los lugares más destacados de Súria, algo que siempre ayuda a situarse y a entender mejor el conjunto.



Ruta por Súria: del Centro de Interpretación Minera al Castillo, historia y viaje con perro

Muy cerca del punto de información turísticase encuentra el Centro de Interpretación de la Minería, un punto clave para entender por qué este pueblo ha estado históricamente ligado a la extracción de potasa y cómo la minería ha marcado su desarrollo económico y social. Es una parada muy recomendable , ya que nos ayuda a contextualizar todo lo que veremos después .

Desde aquí, seguimos caminando tranquilamente y, en pocos minutos, llegamos a la iglesia del Roser

La iglesia del Roser  construida  entre los siglos XVII y XVIII,  esta iglesia representa una etapa más estable de la historia de Súria, cuando la vida del pueblo giraba en torno a la comunidad y la devoción popular. No es un edificio monumental, pero sí profundamente ligado al día a día de los vecinos, y su arquitectura sobria encaja perfectamente en el entorno histórico. Su ubicación, tan cercana al castillo, no es casual: en la Súria de antaño, la vida religiosa y la civil convivían prácticamente puerta con puerta.

Justo detrás de la iglesia se alza el castillo de Súria, auténtico corazón histórico del pueblo y uno de los lugares imprescindibles que ver en Súria. 
Sus orígenes se remontan al siglo X, cuando se levantó como fortaleza defensiva para controlar el territorio y el paso por el valle del Cardener. Uno de sus elementos más emblemáticos es la torre del homenaje, construida en el siglo XII, desde la que se vigilaban los caminos y se reafirmaba el poder feudal.
A lo largo de los siglos, el castillo no fue solo una fortaleza militar. También funcionó como residencia señorial, centro administrativo y símbolo de poder. Dentro de sus muros se tomaban decisiones que afectaban directamente a la vida cotidiana del pueblo, desde la gestión de tierras hasta la organización social y económica de la zona.

En nuestro caso, además, hicimos esta ruta acompañados de nuestra perrita Mila y de Chanel,  (soychanel.gos)   la perrita de nuestra hija, lo que añade ese toque real que tienen los viajes con mascotas. Las perritas no podían entrar al interior del castillo, así que nos organizamos y entramos por turnos, algo bastante habitual cuando viajas con perro. Mientras uno visitaba el castillo por dentro, el otro aprovechaba para pasear con ellas, hacer fotos y disfrutar del entorno con calma.

Una vez dentro, la visita al castillo resulta muy dinámica y sorprendente. Pudimos interactuar con espadas y lanzas, imaginando cómo se defendía la fortaleza en época medieval. 
En un comedor ambientado en estilo medieval, incluso jugamos una partida de ajedrez, recordando que este juego ya era símbolo de estrategia y poder entre nobles y caballeros. En el antiguo pajar del castillo también vimos carros y utensilios agrícolas, una muestra clara de que la vida en el castillo no era solo batallas, sino también trabajo diario y organización.


Este recorrido desde el Centro de Interpretación Minera hasta el castillo de Súria es corto, cómodo y muy completo. Combina patrimonio industrial, historia medieval y una experiencia real de viaje pet friendly, ideal para quienes buscan qué ver en Súria sin prisas, disfrutando de cada rincón y entendiendo la historia del lugar paso a paso.

Desde el castillo y los alrededores del casco antiguo nos asomamos a varios miradores naturales. Abajo, el río Cardener bajaba con bastante caudal. Desde arriba se entiende perfectamente la relación entre el castillo, el pueblo y el río: defensa, agua y control del territorio.



Paseando por Súria… con nuestra perrita Mila 🐾

La bajada hacia la parte baja del pueblo se hace por escaleras, pasando por una fuente popular con un grifo en forma de rana, y una escultura actual , uno de esos pequeños detalles que conectan pasado y presente. Al llegar abajo, el ambiente cambia por completo.

Empezamos a pasear junto al río Cardener, por un paseo fluvial tranquilo y bien acondicionado. Había patos en el agua, moviéndose despacio, y nuestra perrita Mila iba completamente atenta, siguiendo cada movimiento, en modo acecho constante.

Caminamos sin prisas, disfrutando del contraste entre la naturaleza del río y la silueta del pueblo medieval en lo alto.

Siguiendo el paseo llegamos a la zona de la estación de autobuses , una parte más abierta del pueblo donde se percibe la Súria más moderna, muy ligada a su historia minera. Fue aquí donde decidimos parar a comer.


Súria tiene varios bares y restaurantes, pero nosotros comimos en el Bar Parada, en la estación de Súria, simplemente porque nos venía de paso y porque aceptaban perros. Antes de sentarnos en la terraza pedimos permiso, como siempre. El trato fue excelente desde el primer momento. Tanto la persona que atendía en la barra como el camarero de la terraza fueron muy simpáticos y atentos, pendientes de que estuviéramos a gusto.

Eso sí, hacía frío en la terraza… pero es lo que tiene viajar con perro, y se asume encantado. Comimos algo sencillo, sin prisas, entrando un poco en calor antes de continuar.

Justo enfrente había un pequeño mercadillo, con puestos de fruta, ropa y comida preparada, que aportaba mucha vida a la zona. 

Y, con el frío que hacía, no podía faltar una parada en la churrería de Súria, uno de esos clásicos que se convierten en parte esencial de la experiencia.

Después retomamos el paseo hacia la iglesia parroquial de Sant Cristòfol, una iglesia sencilla, sin grandes elementos arquitectónicos, pero muy ligada a la vida cotidiana del pueblo . 


Durante el camino nos encontramos con murales urbanos muy interesantes, que aportan un contraste curioso entre la historia medieval y expresiones más actuales.

Poco a poco regresamos al lugar donde habíamos aparcado, un descampado grande que se utiliza habitualmente como zona de aparcamiento. Allí nos llevamos una de esas sorpresas inesperadas que hacen especial el final del día: había granadas silvestres. Cogimos alguna, la abrimos allí mismo y estaban dulces y buenísimas, un pequeño regalo del camino.

Súria forma parte del Parque Geológico y Minero de la Cataluña Central, y su entorno natural permite descubrir elementos geológicos y paisajes muy representativos. Más allá del núcleo urbano, lugares como Cererols, con dólmenes megalíticos, barracas de piedra seca y antiguos molinos de aceite, o las rutas hacia el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, amplían las posibilidades para quienes quieran seguir explorando.

Nos fuimos de Súria con la sensación de haber vivido un día completo y real. Un recorrido del castillo al río, de la Edad Media a la minería, del frío de la piedra al calor de unos churros. Un pueblo con encanto que se descubre caminando, sin prisas, dejando que la historia, la naturaleza y los pequeños detalles hagan el resto.




! Buen viaje siempre ! 







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