lunes, 22 de diciembre de 2025

Trujillo en un día: nuestra aventura familiar con Mila, nuestra podenca

 

Descubre Trujillo en un día con nuestra experiencia familiar. Recorrimos palacios, iglesias y murallas con Mila, nuestra podenca. Historia, vistas y gastronomía en Extremadura.

Llegamos a Trujillo, uno de los pueblos más monumentales de Extremadura, con nuestra familia y Mila, nuestra podenca.

 Nada más entrar por la Calle de las Tiendas, nos quedamos impresionados con la Plaza Mayor, rodeada de palacios renacentistas .

Y la Plaza Mayor,   con la estatua ecuestre de Francisco Pizarro en el centro. La plaza sigue siendo el corazón de la ciudad, como lo fue durante siglos, y caminar por allí con nuestra perrita hizo la experiencia aún más especial.

Nos sentamos en una terraza, pedimos algo para beber y aprovechamos para comprar en una tienda de recuerdos imanes para la nevera, nuestra tradición para recordar los viajes. Desde allí contemplábamos los palacios que la rodean: el Palacio de los Vargas-Carvajal, la Casa de las Cadenas y los Palacios de los Chaves y los Marqueses de Piedras Albas, cada uno con siglos de historia y detalles renacentistas únicos.


Iglesia de San Martín de Tours: historia y arte en piedra

A pocos pasos se encuentra la Iglesia de San Martín de Tours, construida entre los siglos XIV y XVI. Su mezcla de gótico y renacentista nos fascinó, y la nave de piedra alberga la imagen templaría de Nuestra Señora de la Coronada, del siglo XIII. Entrar fue como abrir un libro de historia: cada piedra parecía susurrar los secretos de Trujillo medieval. Mila permanecía tranquila con su dueña en la puerta de la iglesia , tuvimos que entrar a verla por turnos.  A causa de nuestra  perrita Mila




Puerta de Santiago y Iglesia de Santiago: murallas y patrimonio religioso

Subiendo por la Calle Ballesteros, llegamos a la Puerta de Santiago, también llamada Puerta del Sol, parte de la antigua muralla que defendía Trujillo. Los escudos de los Reyes Católicos y la familia Altamirano nos recordaban siglos de historia, y no pudimos evitar pensar en los peregrinos del Camino de Santiago que pasaron por allí.

Junto a la puerta, la Iglesia de Santiago, templo románico del siglo XII reformado en el XVII, nos sorprendió con sus capillas góticas y renacentistas y su Cristo de las Aguas, uno de los tesoros religiosos más venerados de la ciudad.


Alcázar de Luis de Chaves y el Mirador de las Monjas

El Alcázar de Luis de Chaves el Viejo, casa-fuerte del siglo XV, nos impresionó con sus muros y torres defensivas. Perteneció a la familia Chaves y alojó a los Reyes Católicos en varias ocasiones.



Desde allí subimos al Mirador de las Monjas, con vistas panorámicas que abarcan la Plaza Mayor, el castillo y los tejados del casco histórico. Mila correteaba feliz mientras nosotros respirábamos la brisa y disfrutábamos de los aromas a tierra y pan recién horneado.


Castillo de Trujillo: historia viva con nuestra perrita



El momento más esperado fue llegar al Castillo de Trujillo, en el cerro Cabeza del Zorro. Esta fortaleza, originaria del siglo IX como alcazaba árabe y ampliada en el XV, nos dejó sin aliento.

Nos dejaron entrar con Mila, y recorrer las almenas mientras contemplábamos toda la ciudad desde lo alto fue mágico.

Al cruzar su portal de entrada, el visitante inmediatamente se siente envuelto por una atmósfera de misterio e historia, donde cada piedra parece susurrar historias de reyes, caballeros e intrépidos conquistadores.
Las vistas permiten ver la Plaza Mayor, los palacios renacentistas . 
 Y el paisaje natural que rodea Trujillo, como un mapa vivo de historia. El panorama que se extiende hasta el horizonte es de magnífica belleza: campos áridos y montañas escarpadas, un paisaje que parece intacto por el tiempo. Éste es el mismo panorama que inspiró a los exploradores españoles, incluido Francisco Pizarro, nacido en Trujillo, quien llevaría el nombre de la ciudad al otro lado del Atlántico durante la conquista del Perú.

Caminar por el interior del Castillo de Trujillo es una experiencia que despierta los sentidos . Desde los pasillos estrechos y sombríos hasta las amplias terrazas con vistas a la ciudad, cada rincón ofrece una perspectiva única del pasado.

Dentro recorrimos los aljibes musulmanes, la barbacana cristiana

Visitar el Castillo de Trujillo es como entrar en una máquina del tiempo, donde el pasado toma forma y la imaginación corre libre. Es más que una simple atracción; es un viaje a las razas profundas de una ciudad que, como su castillo, cuenta la historia de un pueblo atrevido y de una época inolvidable.

Una de las peculiaridades del Castillo de Trujillo es su capilla dedicada a la Virgen de la Victoria, donde se reunían los soldados para buscar protección antes de las batallas. Esta devoción popular aún es visible en las festividades y tradiciones locales, que refuerzan el espíritu guerrero y la fe de los antiguos habitantes. Con sus imponentes murallas y su larga historia, el castillo sigue siendo un símbolo de fuerza y resistencia, un vínculo entre el pasado lejano y el presente.

Y la capilla de la Virgen de la Victoria dentro del Castillo de Trujillo .


Casa-Museo Pizarro y Santa María la Mayor

Visitamos la Casa-Museo Pizarro, es una casa solariega del siglo XV, donde según algunos historiadores nació Francisco Pizarro. Explorar sus salas llenas de muebles y documentos históricos nos permitió conocer mejor la vida del conquistador.

Luego, la Iglesia de Santa María la Mayor, construida en el siglo XIII y ampliada en los siglos XV y XVI, nos sorprendió con su suelo de lápidas y el retablo mayor de 25 tablas pintadas al óleo. Subir a la torre del campanario ofreció otra perspectiva de la ciudad y del castillo.


La Alberca, Aljibe árabe y Plazuela de los Descalzos

Bajamos por la Calle Paloma hacia La Alberca, un depósito de agua del siglo XII, y el Aljibe árabe del siglo X, con sus tres naves y arcos sostenidos por pilastras. Luego visitamos la Plazuela de los Descalzos y la Puerta de San Andrés, con grabados de los Reyes Católicos y Alfonso XI.


Muralla y gastronomía local



Para comer, nos alejamos un poco del centro, disfrutando de un ambiente más tranquilo , nos desplazamos hasta la  " Cafetería Restaurant Los Arcos " donde nos ofrecieron un menú fin de semana por 16 €. Pedimos permiso antes para poder estar con nuestra perrita Mila en la terraza sentados.


 Subiendo por la Cuesta de la Sangre hasta la Iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo, sede del Museo de los Descubridores. Mila nuestra perrita Podenco  no la dejaron entrar y fuimos entrando por turnos.
Terminamos bordeando la muralla . 
 La muralla  Fue construida por los musulmanes en el siglo X, reformada en el siglo XI y ampliada en los siglos XIII, XV y XVI.
Se conservan 17 torres de formas rectangular y cuadrada terminadas, como las murallas, con almenas rematadas en pirámides.
Se conservan cuatro puertas completas de la Muralla de Trujillo : la Puerta de Santiago, la Puerta de San Andrés, la Puerta del Triunfo y la Puerta de Coria, todas ellas con añadidos de los siglos XV o XVI, así como restos de otras tres: la Puerta de la Herradura, la Puerta de la Vera Cruz y la Puerta de San Juan o de las Palomitas.

Antes de marcharnos, no pudimos resistirnos a comprar la Torta del Casar  un queso de oveja curado con Denominación de Origen Protegida (D.O.P.)  , chorizos y salchichones, recuerdos gastronómicos de nuestra ruta por Trujillo .

Caminando por las calles de Trujillo vimos la tienda llamada  "Sabores de Mi Tierra "de productos típicos . Olivas. Mermeladas, chorizos morcillas. Nos dieron a probar varios tipos de quesos todos de rechupete. Al final salimos con quesos para toda la familia. Además el chico que atendía de una forma muy atenta y dándonos toda la información que le pedíamos de los productos. Además nos envasaron los quesos al vacío para que resistieran más. Además compramos Torta del casar .Que buena" así que os recomiendo que si estás por Trujillo os deis una vuelta por esta tienda tan bonita y con tan buenos productos.


Viajar en familia con nuestra perrita Mila hizo que Trujillo se convirtiera en una experiencia completa: historia, arquitectura, aromas, sabores y paseos que quedarán grabados en nuestra memoria.






|Buen Viaje |














domingo, 21 de diciembre de 2025

Badajoz en agosto con una perrita podenco: crónica de una ciudad caliente pero irresistible


Viajar con una perrita en agosto por Extremadura no es un simple viaje: es una mezcla entre aventura veraniega, búsqueda constante de sombra y un máster acelerado en hidratación. Aun así, Badajoz nos sorprendió desde el primer minuto, porque es una de esas ciudades que se disfrutan incluso cuando el sol está haciendo horas extra.

Llegamos temprano, con el fresco relativo que ofrece un amanecer extremeño, y aparcamos en el descampado junto a la Alcazaba. Allí nos recibe un gorrilla simpático que nos desea buen día, como si no estuviéramos a punto de entrar en modo tostadora humana. Mila, nuestra podenca, baja del coche con el ánimo por las nubes y las patas aún frías… cosa que duraría poco.


La Alcazaba al amanecer: historia, murallas y calor que despierta rápido

Desde el coche ya se ve que la Alcazaba de Badajoz no es cualquier cosa: una de las mayores fortificaciones árabes de España.

 La Alcazaba de Badajoz construida por los almohades en el siglo XII y con unas murallas que parecen dibujar la silueta del tiempo en la piedra.


Subimos y paseamos entre torres, cañones  y vistas espectaculares del río Guadiana. El Fuerte de San Cristóbal vigila desde la otra orilla, recordando que esta zona fue frontera, estrategia y tensión durante siglos.


La visita es gratuita, tranquila y muy fotogénica… aunque la sombra es un bien escaso. Mila, que al principio iba feliz, pronto empezó a entender que agosto aquí no se anda con tonterías.


La Plaza Alta: un escenario de colores donde reponer fuerzas

Bajamos después hacia la Plaza Alta, ese rincón que parece un decorado renacentista lleno de geometrías, arcos y fachadas decoradas. 

Es una de las plazas más bonitas de Extremadura y transmite esta deliciosa mezcla de historia y vida diaria.

Decidimos quedarnos a comer en La Casona Alta, cuya terraza es friendly y nos salvó la vida.


El menú del día por 13€ es abundante hasta el punto de necesitar táper. El personal, un encanto. Y Mila, mientras, iba haciendo malabares para colocarse en el miniparche de sombra que se movía según cambiaba la orientación del sol. Viajar con perro es también eso: negociar con el astro rey.


Calles tranquilas, catedral fortaleza y plazas donde respirar



Después de comer seguimos hacia el centro histórico. Badajoz es perfecto para pasearlo sin prisa: callejuelas estrechas, plazas pequeñas y un ambiente relajado que te hace bajar el ritmo sin darte cuenta.

La Catedral de San Juan Bautista aparece entre los calles como un bloque robusto. Más que una catedral, parece una fortaleza, y no es casual: estuvo vinculada a la defensa en una época en la que la ciudad vivía en alerta constante. 

Al lado, la Plaza de España ofrece terrazas que invitan a sentarse y recuperar agua, energías y dignidad térmica. Mila encontró allí un buen rato de sombra, que aprovechó para recargar sus baterías  podencas. El ayuntamiento se encuentra al lado de la catedral.



La Puerta de Palmas y el Guadiana: la postal clásica

Paseando por una calle de Badajoz me encontré un grafiti que decía "muérdeme en esta esquina". Y lo peor  es que me dio por  tomarlo demasiado literalmente: me giré y le dio un mordisquito juguetón en el cuello a mi mujer... que pegó un salto del susto. El grafiti cumplió su misión: hizo que nos riéramos un buen rato y convirtió una esquina cualquiera en una anécdota para recordar.”
Seguimos caminando (siempre pegados a las paredes para aprovechar la sombra) hasta la Puerta de Palmas. 
La Puerta de Palmas, con sus dos torres circulares del siglo XVI que daban la bienvenida a quienes entraban por el antiguo camino real.
Detrás está el Puente de Palmas, uno de los más bellos del Guadiana.

Es una zona preciosa, pero aquí ya estábamos en modo " suelo de lava ". Mila avanzaba saltando de sombra en sombra y nosotros igual. Sin embargo, las vistas del río merecen la parada.


El Parque de Castelar el refugio verde que estábamos esperando

Llegamos al Parque de Castelar, que se convirtió automáticamente en nuestro sitio favorito del día.


Sombra, césped fresquito, patos revoloteando en el estanque y un pequeño recorrido botánico muy agradable.

Aquí sí que pudimos respirar, relajarnos y dejar que Mila se tumbara a gusto sin riesgo de freírse las patitas.

Este parque es, sin exagerar, un oasis y más  para quien viaja con perro en verano.


Encontramos incluso el simpático árbol de los chupetes, lleno de chupetes infantiles.


El Guadiana al atardecer: caminando de vuelta con la luz perfecta

Después de un buen descanso y una recarga de agua, emprendimos el camino de vuelta siguiendo el paseo fluvial. El Guadiana, con la luz dorada del final del día, nos regaló un precioso cierre. Mila iba mucho más animada y nosotros, pese al calor, con la sensación de haber aprovechado de verdad la visita.

Badajoz es así: sencilla, histórica y sorprendentemente agradable incluso cuando el termómetro marca números que dan miedo.



Consejos útiles si viajas a Badajoz en agosto (y con perro)

Aunque no te lo envuelvo en formato lista rígida, vale la pena dejar claro lo que aprendimos:

-Madrugar es clave para visitar la Alcazaba sin que el sol te derrita.

-El pavimento se calienta muchísimo: toca el suelo antes de dejar que el perro camine. Botitas o protector pueden ser un salvavidas.

-Lleva agua siempre, más de la que creas necesitar. Las fuentes no abundan tanto como gustaría.

-En restauración, las terrazas suelen ser aptas; el interior con aire acondicionado, casi nunca.

-Para descansar, busca el Parque de Castelar o el paseo del Guadiana: sombra, brisa y tranquilidad garantizadas.

-Y si hace demasiado calor, no hay que forzar: Badajoz es una ciudad perfecta para verla con calma.


Si estás de ruta por la zona: lugares cerca de Badajoz que merecen una escapada

Una de las ventajas de Badajoz es que está rodeada de sitios increíbles, así que si tienes coche, puedes alargar tu viaje.

-Elvas (Portugal) está a solo veinte minutos, con fortificaciones impresionantes y calles llenas de encanto.

-Mérida, a cuarenta minutos, es un tesoro romano al aire libre: teatro, anfiteatro, templo, puente… y mucho espacio para pasear con perro.

-Olivenza, muy cerca también, mezcla identidad portuguesa y española con un casco histórico precioso.

-Si buscas naturaleza, rutas frescas o piscinas naturales, La Codosera y el Parque Natural de São Mamede son un acierto seguro.

Y si te gustan los castillos con alma medieval, en Alburquerque te espera el imponente Castillo de Luna, en lo alto de un cerro.



En resumen: Badajoz en agosto es intensa, pero inolvidable

La ciudad combina historia, murallas, rincones llenos de color y un ambiente tranquilo que engancha. Sí, hace calor  " mucho calor " pero con un poco de planificación es una escapada magnífica incluso con perro.


Mila terminó el día agotada pero feliz, y nosotros con la sensación de haber descubierto un lugar que merece mucho más reconocimiento.

Prometemos volver, quizá en primavera, para disfrutarla sin modo horno máximo.







! Buen viaje !









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