Viaje en familia con perro por la Costa Bermeja francesa
Hay lugares que simplemente se visitan… y otros que se quedan dentro para siempre. Eso fue exactamente lo que nos pasó en Colliure, uno de los pueblos más bonitos del sur de Francia, donde viajamos en familia junto a nuestra inseparable podenco Mila.
Entre callejuelas mediterráneas, castillos frente al mar, pequeñas calas escondidas y rincones llenos de historia, descubrimos un destino que mezcla perfectamente el alma catalana con el encanto francés.
Si estás buscando un viaje diferente por la costa mediterránea, una escapada romántica, un destino pet friendly o simplemente uno de esos pueblos con magia auténtica, sigue leyendo porque Colliure merece muchísimo más que una visita rápida.
Qué ver en Colliure: un pueblo de postal entre mar y montaña
Llegando a Colliure: primeras sensaciones
Situado entre viñedos, montañas y el Mediterráneo, Colliure aparece casi de repente cuando uno recorre la Costa Bermeja francesa. Y lo hace de una forma difícil de olvidar.
La forma en la que el sol ilumina las fachadas ocres, rosadas y anaranjadas hace que todo parezca una pintura viva.
El color de las fachadas .Las barcas balanceándose suavemente en el puerto .
Y esa mezcla entre pueblo marinero y rincón artístico hacen que desde el primer momento sientas que has llegado a un lugar diferente.

Nosotros llegamos por la mañana a Colliure . Después de recorrer la carretera costera con Mila asomando el hocico por la ventana mientras el olor del mar comenzaba a mezclarse con el de los pinos y la tierra caliente.
Hay viajes que empiezan al llegar al destino, pero Colliure empieza mucho antes, en el propio camino.Caminando junto al puerto el sonido de las gaviotas se mezcla con el tintinear de los mástiles de las pequeñas embarcaciones. Huele a sal, a pescado recién cocinado y a verano mediterráneo. Las terrazas empiezan a despertar lentamente mientras algunos vecinos colocan flores en los balcones o abren pequeños talleres de arte escondidos entre callejones estrechos.Cada calle parece esconder algo distinto. Un patio lleno de buganvillas. Una ventana azul desgastada por el salitre. Una escalera desde la que aparece de golpe el mar al fondo. Incluso el suelo empedrado parece contar historias.
Y precisamente ahí está una de las mejores formas de descubrir Colliure: perderse sin rumbo.

Pequeños secretos que muchos turistas pasan por alto cuando hacen una visita rápida.
Visita al Castillo Real de Colliure
Uno de esos lugares que impresionan especialmente es el Castillo Real de Colliure. A lo largo de los siglos, el castillo fue fortaleza defensiva, residencia real y también prisión militar. Hoy, convertido en uno de los grandes atractivos culturales de la región, ofrece al visitante un viaje entre pasadizos, patios y terrazas con vistas espectaculares al Mediterráneo.
Caminar por sus murallas al caer la tarde permite imaginar galeras entrando al puerto, soldados vigilando el horizonte y comerciantes llegando desde distintos rincones del mar. Colliure conserva ese aire de frontera histórica donde se mezclan influencias catalanas y francesas, arte, historia y paisaje.
El origen del castillo se remonta al siglo VII, aunque fueron los reyes de Mallorca quienes le dieron gran parte de su aspecto actual durante el siglo XIII. En aquella época, Colliure era un puerto estratégico entre la península ibérica y el sur de Francia, un lugar clave para controlar las rutas marítimas y comerciales del Mediterráneo occidental.
Más tarde, el castillo pasó a manos de la Corona de Aragón y posteriormente de Francia. Uno de los personajes más importantes ligados a su historia fue el ingeniero militar Sébastien Le Prestre de Vauban, quien reforzó sus defensas por orden de Luis XIV. Las nuevas murallas transformaron profundamente la villa medieval, adaptándola a las necesidades militares de la época.
Desde fuera ya impone, pero es al cruzar sus muros cuando el ambiente cambia por completo.
La piedra fría, el eco de los pasos y la humedad de algunas salas hacen que uno sienta enseguida que aquel lugar guarda mucho más que historia medieval.Las exposiciones dedicadas al exilio republicano español son durísimas.
Hay fotografías, documentos, testimonios y notas explicando cómo muchos republicanos españoles que cruzaron la frontera huyendo de la Guerra Civil terminaron sufriendo aquí nuevas persecuciones, detenciones y torturas durante la ocupación alemana.
Leer aquellos paneles dentro de salas oscuras y frías, sabiendo que allí mismo hubo dolor real, pone la piel de gallina.
En algunas paredes todavía quedan marcas, y hay pequeños textos explicativos que obligan a detenerse y leer despacio. El silencio de los visitantes lo decía todo.No era la típica visita turística.
Era una visita emocional.
Una de esas que remueven por dentro.
Y quizá precisamente por eso el castillo de Colliure nos dejó una huella tan fuerte.
Desde las murallas las vistas vuelven a abrirse al Mediterráneo y el contraste es enorme: fuera hay luz, colores y barcos balanceándose sobre el agua; dentro todavía parece permanecer una sombra silenciosa de la historia.La iglesia de Notre-Dame-des-Anges, el símbolo más famoso de Colliure

En el interior destaca un espectacular retablo barroco catalán cubierto de pan de oro, considerado uno de los tesoros artísticos más importantes de la región. La mezcla de historia, arte y vistas al mar hacen que visitar Notre-Dame-des-Anges sea una experiencia única.
Chapelle Saint-Vincent: una de las mejores vistas de Colliure
La capilla está dedicada a San Vicente, patrón de la localidad, y es uno de los lugares más especiales para pasear junto al Mediterráneo.
El camino hasta la capilla permite disfrutar de unas vistas increíbles del puerto, del Castillo Real de Colliure y del famoso campanario.
Comer en Colliure: sabores junto al Mediterráneo
Y sí, merece la pena probarlas. Incluso quienes normalmente no son muy amantes de las anchoas suelen sorprenderse por su sabor suave y delicado.
Y aunque Colliure cuenta con monumentos tan impresionantes como el Castillo Real o la iglesia de Notre-Dame-des-Anges, gran parte de su encanto también aparece en las pequeñas cosas: pasear sin prisa por sus callejuelas, escuchar las gaviotas junto al puerto o sentarse frente al Mediterráneo mientras cae la tarde.
Es ese ambiente tranquilo y auténtico lo que hace que Colliure termine conquistando a quien lo visita.
Paseos , miradores y rincones secretos de Colliure .
Por la tarde decidimos alejarnos un poco del centro y subir hacia las zonas más tranquilas. Desde algunos miradores el paisaje parece infinito. Viñedos cayendo hacia el Mediterráneo, pequeñas fortalezas militares escondidas entre colinas y caminos rodeados de vegetación donde apenas se escucha nada salvo el viento.En uno de esos paseos encontramos rincones donde apenas había turistas. Pequeñas calas escondidas con agua transparente y rocas calientes donde sentarse simplemente a mirar el mar. Mila disfrutó muchísimo correteando cerca del agua mientras nosotros descansábamos sintiendo esa calma difícil de encontrar en otros destinos mucho más masificados.
La tumba de Antonio Machado: memoria y emoción en Colliure .
El ambiente allí es completamente diferente al resto del pueblo.
Silencioso.
Íntimo.
Casi detenido en el tiempo.
Llegamos al atardecer, cuando la luz comenzaba a suavizarse y apenas quedaban visitantes. Ver las flores, las cartas y los poemas dejados junto a la tumba emociona mucho más de lo que uno imagina.
No es simplemente un lugar histórico.
Es un lugar lleno de memoria.
Y mientras salíamos lentamente del cementerio, entendimos que Colliure no es solo un pueblo bonito del sur de Francia.Es un lugar con alma.
De esos rincones que consiguen quedarse contigo mucho después de haber vuelto a casa.
Viajar a Colliure con perro: nuestra experiencia con Mila
Aunque Colliure es un destino bastante agradable para viajar con mascotas, sí hay algunos lugares donde los perros no pueden entrar, como el Castillo Real. Aun así, durante el resto del viaje Mila disfrutó muchísimo recorriendo las calles del puerto, descansando en terrazas y acompañándonos por los paseos junto al mar.El ambiente relajado del pueblo hace que caminar con perro resulte cómodo y agradable, especialmente fuera de temporada alta.
Aparcar en Colliure: lo que debes saber antes de visitar el pueblo
Uno de los puntos más importantes que conviene saber antes de visitar Colliure es el tema del aparcamiento. Aunque es uno de los pueblos más bonitos del sur de Francia, también es uno de los más visitados de la Costa Bermeja, especialmente en primavera, verano y fines de semana.Encontrar aparcamiento gratuito en Colliure puede convertirse en una misión complicada. Las calles del centro histórico son estrechas, muchas zonas están reservadas para residentes y las pocas plazas disponibles suelen llenarse muy temprano.
Nuestra recomendación es clara: lo mejor es dejar el coche directamente en uno de los parkings de pago que hay alrededor del centro. La mayoría funcionan por horas y permiten olvidarse del estrés de buscar sitio durante horas, algo bastante habitual en temporada alta.
Además, muchos de estos aparcamientos están situados a pocos minutos caminando del puerto, del Castillo Real y de la iglesia de Notre-Dame-des-Anges, por lo que al final resulta la opción más cómoda para disfrutar del pueblo con tranquilidad.
Información útil para visitar Colliure
Cómo llegar a Colliure
Desde Barcelona: aproximadamente 2h 30min en coche.
Desde Perpiñán: unos 30 minutos.
También se puede llegar en tren.
Aparcamiento
Recomendación
Dedica al menos un día completo.
Aunque lo ideal sería quedarse una noche para disfrutar del ambiente nocturno del puerto y el castillo iluminado.
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Porque todavía quedan muchísimos lugares increíbles por descubrir.
! Buen viaje !













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