lunes, 6 de abril de 2026

Portbou: mar, historia y memoria en la Costa Brava

 



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Esta Semana Santa 2026 hicimos una ruta del exilio español, inspirados por el libro "La maternidad de Elna" de Assumpta Montellá . Seguimos los pases de los exiliados que cruzaron los Pirineos hacia Francia tras la Guerra Civil. Portbou, en la frontera con Francia, fue una parada imprescindible: un pueblo donde la memoria histórica y la belleza natural se entrelazan de forma única.

Pasear por sus calles estrechas, sentir el murmullo del mar y observar cada edificio nos hizo comprender la importancia de recordar, para no olvidar.



Iglesia de Santa María: historia, arte y vistas al mar

Nuestra primera parada fue la iglesia de Santa María, un templo neogótico diseñado por Joan Martorell i Montells. 
Esta hermosa iglesia data del año 1878. La orden de construirla fue llevada a cabo por la compañía de los ferrocarriles y orquestada por el arquitecto Joan Martorell. Es de estilo neogótico.
Ubicada cerca de la estación del tren de Portbou.
Su uso de origen, era dar servicio religioso a los trabajadores ferroviarios, que residían en Portbou.
Aunque en la actualidad es difícil de observar, una iglesia con vistas a las vías del tren.

Dentro, admiramos la imagen de la Virgen esculpida por Frederic Marès, hijo predilecto de Portbou. Pasear por este templo nos hizo sentir cómo la historia, el arte y la tradición local se funden con el paisaje mediterráneo.

Desde la playa, su imponente fachada domina la bahía y transporta al visitante al final del siglo XIX, cuando Portbou crecía gracias al ferrocarril y al comercio fronterizo.



Estación internacional del tren: el histórico nudo de comunicaciones

A pocos pasos, la estación internacional de Portbou nos sorprendió con su gran marquesina de cristal y hierro.
Bonita  y pintoresca. 
 En el interior, una serie de fotografías nos muestra la transformación de la estación y el pueblo (en su mayoría ferroviarios) a lo largo de los años.
 Caminar por sus andenes es viajar en el tiempo y recordar cómo este pueblo se convirtió en punto clave para viajeros y exiliados.
Triste ver como una estación tan importante para la península Ibérica como la estación de Portbou, éste sumida en un decrépito olvido, abandono y dejadez.
Esta estación fue durante muchos años el enlace con Europa y en ella debías cambiar de tren para cambiar de ancho de vía.
Era una zona donde existía control sanitario y donde la gente estaba muchas pero que muchas horas y hoy vive en el olvido.

Construida en 1929, simboliza la conexión histórica de Portbou con Europa y su papel como puerta de entrada a España .





Memorial Walter Benjamin y cementerio: memoria viva con vistas al Mediterráneo




Visitar el Memorial Walter Benjamin fue uno de los momentos más sobrecogedores. La escalera de acero que se sumerge en el mar termina en una ventana que invita a reflexionar sobre la vida del filósofo y de los exiliados europeos que cruzaron los Pirineos.












Luego subimos al cementerio de Portbou, donde se encuentra la tumba de Benjamin. Las vistas al Mar Mediterráneo desde allí son espectaculares: el azul profundo se mezcla con los acantilados y crea un escenario único para la memoria y la contemplación. Estar allí, con la Tramontana soplando, nos hizo sentir el peso histórico del exilio y la libertad que muchos buscaban.



Callejear por el casco antiguo: el alma de Portbou





El casco antiguo de Portbou nos invitó a pasear despacio. Sus calles estrechas, pequeñas tiendas y cafeterías con encanto nos acercaron a la vida cotidiana del pueblo. Nuestra perrita Mila también disfrutó explorando cada rincón, como si ella también descubriera la historia que se respira en este lugar.



Comer en Casa David: gastronomía local y bienvenida a mascotas

Para comer, elegimos Casa David, donde disfrutamos del menú del día: comida rica, productos locales de la Costa Brava y precio razonable. Nos prepararon enseguida una mesa en la parte del bar, que admite mascotas, mientras que el comedor interior no lo permite. Comer allí fue un momento cercano y agradable, perfecto para recargar energías antes de seguir explorando Portbou.



Playas y calas de Portbou: relax, naturaleza y desconexión

Portbou es mar, y sus playas y calas son auténticos tesoros. 
Entre rocas y Mediterráneo, encontramos pequeños paraísos en Portbou.
Aquí el tiempo se detiene: solo mar, naturaleza y la tranquilidad de Portbou.
 La playa urbana, con bandera azul desde 2014, es ideal para relajarse, mientras que calas más aisladas como ClaperTres Platgetes o la playa del Pi ofrecen rincones espectaculares.
Nosotros disfrutamos del paisaje y del puerto; en otra visita ampliaremos la ruta para practicar kayak, navegación y pesca deportiva, descubriendo aún más la Costa Brava desde Portbou.



Senderismo y rutas pendientes: historia y naturaleza en los Pirineos

Aunque esta vez no nos adentramos en rutas largas, dimos algunos paseos por senderos cercanos al pueblo, disfrutando de la combinación de mar y montaña.
Paseando por Portbou, donde el mar fue testigo de tantas historias.
 Portbou, el último pueblo de los Pirineos, ofrece rutas históricas y naturales que quedan pendientes: antiguos búnkeres fronterizos y senderos del exilio que permiten conectar aún más con la historia y la memoria del lugar.



Paseo marítimo y atardecer: el cierre perfecto

Terminamos el día recorriendo el paseo marítimo, observando cómo el sol iluminaba los acantilados y el mar cambiaba de tonalidad a cada instante. 
Así se vive Portbou: mar, calma y paisajes que enamoran.
Descubriendo el paseo marítimo de Portbou, uno de los rincones más especiales de la Costa Brava.
Entre la Tramontana y el Mediterráneo, encontramos momentos que se quedan para siempre.
 Sentados allí, con el viento de la Tramontana y el sonido de las olas, comprendimos que Portbou no es solo un destino turístico: es un lugar para sentir, reflexionar y recordar, donde la historia y la vida cotidiana conviven de manera única.



Portbou hoy: memoria, turismo y vida local

Hoy, Portbou es un equilibrio entre memoria histórica, turismo y vida local. Sus calles, el puerto y las calas mantienen la esencia marinera, mientras que el Memorial Walter Benjamin y la tumba en el cementerio recuerdan que cada rincón guarda una historia.

El pueblo combina historia, naturaleza y vida moderna: restaurantes con gastronomía del Empordà, tiendas locales con productos artesanales y espacios que reciben visitantes y mascotas. Portbou permite caminar despacio, mirar al horizonte y sentir la fuerza del Mediterráneo, mientras la historia del exilio nos recuerda que recordar es un acto de respeto y aprendizaje.

En definitiva, Portbou hoy es mar, montaña, historia y vida, un destino donde la memoria convive con el presente y donde cada visita invita a descubrir nuevas rutas y rincones de la Costa Brava y la ruta del exilio.








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